¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, noviembre 19, 2010

Las dictaduras boicotean el Nobel de la Paz: Cinco paises se alian con China




Que desaparezca. Que Liu Xiaobo se diluya en la memoria, que nadie recuerde jamás que la comunidad internacional condenó un día la represión china, simbolizada en este preso de conciencia con un Nobel de la Paz. Esa es la consigna de Pekín. Y lo está logrando.

BÁRBARA AYUSO
Drama sobre drama. Liu Xiaobo sufrió la represión más voraz por pedir un país libre, fue encarcelado injustamente y sepultada su voz. Tampoco pudo celebrar que el comité noruego reconociera su calvario con el Premio Nobel de la Paz, ni agradecer el reconocimiento cuando por fin –días después- recibió noticias de su condecoración. Mucho menos, abrazar a su esposa.

El único consuelo fue esa caprichosa atención mediática que, durante unos días, centró sus críticas y sus observación en la dictadura comunista de Hu Jintao, aplazando las alabanzas al "gigante emergente". De manera perversamente sincronizada se sucedían las peticiones de liberación de Xiaobo con la ola represiva que asoló China días después de la concesión del Nobel. En cierto modo, la opinión pública sufrió un baño de realidad con la respuesta desplegada por Pekín ante su laureado ciudadano.

La réplica del régimen totalitario fue contundente e inmediata: no permitiría ni a Xiaobo, ni a ninguno de sus familiares acudir a Oslo el 10 de Diciembre a recoger el Premio. Su esposa permanecerá bajo arresto domiciliario, y el resto de familiares no podrán abandonar el país. Bajo ningún concepto. Lo cual, supone un obstáculo insalvable para un galardón en cuyas bases figura que sólo podrá ser recogido por el destinatario, o sus familiares.

Pero este boicot al Nobel, desatado desde el primer minuto, buscaba ir más allá. Que la ceremonia rozase el ridículo, que dominasen las sillas vacías. Que se acallase ese insoportable ruido que les llamaba 'dictadura'. Las amenazas de Pekín llegaron antes que las invitaciones de Noruega a las embajadas para acudir al acto: Hu Jintao dejó claro que quien prestara su presencia como apoyo a un "criminal" – así consideran a Xiaobo- debería "atenerse a las consecuencias".

China – el mismo país que pide respeto a su soberanía interna cuando se critica su posición en el Tíbet- exige a todos los países, especialmente los europeos, que no asistan a la ceremonia - que, para más inri se celebra en un país de Europa-. Y para esta exigencia no duda en emplear la palanca de su extorsión, apelando a los "intereses económicos" que el mundo entero busca en el gigante asiático. Los emisarios chinos han enviado cartas a todas las delegaciones invitadas a la gala, 58 en total, pidiéndoles que no acudan. Un gesto sin precedentes en la historia del galardón.

Por una vez, la respuesta de las democracias europeas no ha sido demasiado titubeante. Hasta el momento, la mayoría de embajadores europeos han confirmados su asistencia el 10 de diciembre, según aseveró el director del Instituto Nobel, Geir Lundestand. Pero sí habrá ausencias. Y muy significativas.

Rusia, Kazajistán, Cuba, Marruecos ni Irak acudirán a dar su respaldo al disidente encarcelado. Muchos medios apuntan a la efectividad de las amenazas del régimen comunista, pero no hay que llevar a engaño: los países que participarán en el boicot no despuntan por su respeto a las libertades. No es mérito de Hu Jintao que se sumen al boicot, son sus propios sistemas represivos los responsables. Nada retrata mejor la naturaleza de los regímenes de Medvédev -o Putin, según se mire-, Castro o Mohamed VI como este revelador gesto.

No conviene alzar las campanas al vuelo. Además de estas dictaduras, hay dieciseis países que aún no han confirmado su asistencia. Posiblemente, algunos de ellos, europeos. El fracaso no es que Liu Xiaobo no acuda a recoger su muy merecido galardón. El fracaso será que una sola democracia disculpe su asistencia, sea cual sea el pretexto.

Tomado de Libertad Digital

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