¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

jueves, noviembre 11, 2010

¿El próximo o el último Congreso?

Cualquier cubano que haya seguido los medios de difusión el martes 9 de noviembre podría haber llegado a la conclusión de que súbitamente el Partido Comunista ha pasado a la clandestinidad. Al menos esa debería ser la impresión al conocer la intempestiva noticia de que en el próximo abril de 2011 se celebrará el VI Congreso del PCC, cuya organización ha transcurrido en el más absoluto secreto. Para mayor sentido de irrealidad, el anuncio tuvo lugar en el marco de la celebración del “Acto por el Décimo Aniversario de la firma del Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela” (¿?) y sin que hubiese mediado previamente una convocatoria oficial ni el correspondiente debate entre la base de la militancia para establecer las propuestas de los miembros y el programa del Congreso.

A la vez se ha informado que esta vez el monopartido tendrá un monotema, y solo uno, para su más trascendental cónclave: “la actualización del modelo económico y social del país”, cuyos lineamientos –ya elaborados por los jefes supremos y listos para ser digeridos por la membrecía de filas y por el resto de “la masa”– han sido publicados en un folleto que, sin dudas, fue elaborado también de manera clandestina. Cabe, pues, preguntarse: ¿Es que se puede debatir seriamente sobre la economía cubana sin discutir las políticas erradas (y herradas) que nos han colocado en un estado de crisis irreversible? ¿Es posible, al trazar las pautas económicas, obviar la crítica situación social en que se encuentra el país y proyectar las vías para su solución? Es evidente que el gobierno tiene la intención de utilizar los fuegos fatuos que en forma de subsidios chavistas se desprenden de ese cadáver llamado ALBA, para desviar la atención de los problemas raigales que aquejan a la nación. Por otra parte, no se sabe si se decidirá o quedará pendiente hasta otra ocasión un delicado tema: ¿se mantendrá en su puesto el Primer Secretario o tendremos un “nuevo” octogenario renovando ideológicamente el modelo? O mejor, ¿habrá elecciones en este sui generis Congreso?

Otra pincelada satírica que puede inducir a confusiones es la entrega de un ejemplar de dicho folleto por parte del presidente cubano al presidente venezolano; ¿es que Hugo Chávez es miembro del PCC?, ¿acaso ese señor tiene el derecho de conocer los “Lineamientos de Política Económica y Social” que supuestamente trazarán los destinos de este país en los próximos cinco años antes que los propios cubanos? Después de trece años sin la celebración de su más importante reunión y sin la renovación de sus máximos dirigentes, en franca violación de los estatutos de la organización, los militantes comunistas han sido públicamente excluidos de su preparación: un premio justo para su proverbial servilismo. A fin de cuentas –se dirán los dueños de la hacienda arrasada– ellos siempre asienten y aplauden.

Pero, sin dudas, en esta ocasión los políticos de sainete que siguen aquí aferrados a la batuta han superado con creces sus propios límites; ya no es posible seguir los malabarismos desesperados de los jefes de este circo de tres pistas. Sin embargo, es preciso mantenerse alertas porque nada de lo que está aconteciendo es casual. Algún acuerdo oculto se traen los viejos dinosaurios con su mascota suramericana, algo que quizás se relacione con una nueva inyección de petrodólares que les permita suavizar los latigazos sobre los esclavos de la plantación antillana, al menos por un brevísimo lapso de tiempo; quizás la posibilidad de evadir momentáneamente las presiones internacionales haciendo una pueril demostración de suficiencia. Tiempo comprado con esa alcancía llamada Venezuela que el aspirante a dictador continúa esquilmando a voluntad. ¡Caro debe haber costado al pueblo venezolano el folletito que, en falso gesto de sumisión simbólica, entregara el Castro menor a Hugo Chávez!

Por Miriam Celaya del Blog: SinEvasion.

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