¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, octubre 20, 2010

La debilidad politica cuesta caro


John F. Kennedy y su hermano Robert

La crisis de los cohetes; la segunda y demoledora derrota

Por Enrique Ros

Se cumplen este mes de octubre 48 años del vergonzoso acuerdo que le puso punto final a una crisis que no debió haber existido. Una confrontación producto de la falta de visión, y firmeza, del mandatario norteamericano, debilidades que sus complacientes biógrafos nos las han presentado con los más bellos colores.

Los altos funcionarios de su Administración, escritores y periodistas cercanos al Presidente fueron los primeros en escribir sobre esta histórica confrontación, y sus versiones, obsequiosas, halagadoras, encomiásticas, tendían a justificar la actuación del Presidente. Todos los primeros artículos y las tempranas publicaciones lo adornaban con las mismas cualidades de liderazgo, talento, y equilibrio. Destacaban el coraje y decisión mostrados por el joven presidente durante los dramáticos 13 días de Crisis. Trece días. El período de tiempo al que los lisonjeros historiadores sólo quieren referirse.

Ignoran, en sus elogios, las múltiples comunicaciones que el joven mandatario recibía de la Agencia Central de Inteligencia sobre la llegada a las costas de Mariel de materiales electrónicos procedentes de los puertos de la Unión Soviética en las que se mencionaban los nombres de las embarcaciones, los puertos y fechas de embarque. Para el poco visionario ejecutivo aquellos elementos nucleares eran, tan sólo, aceptables armas defensivas de Castro.

Durante su vida pública, John F. Kennedy tuvo la habilidad de manejar magistralmente la prensa: Lo que hacía, lo que decía, era embellecido por periodistas y escritores que se sentían atraídos por este gallardo caballero de la nueva Corte de Camelot. Sus palabras aparecían esculpidas en oro. Sus hechos se engrandecían. Sus errores se silenciaban o, por obra de los que lo rodeaban, se convertían en impresionantes aciertos.

Su actuación en lo que la historia ha recogido como la Crisis de los Cohetes es un vívido ejemplo de como una insegura, vacilante y temerosa actuación ha pasado, por años, como un modelo de coraje y decisión.

Las primeras obras sobre esta crisis –como antes sucedió con la “aventura” de Bahía de Cochinos- fueron escritas por funcionarios de su Administración o por periodistas o autores a quienes él y su séquito obsequiaban con útiles filtraciones de noticias y datos.

Para estos prolíferos escritores “el Presidente respondió magníficamente a la situación” (Robert Kennedy); “Kennedy estuvo siempre en control de sí mismo” (Salinger); “respondió supremamente bien a la crisis, combinando determinación, freno y dureza” (A. Schlesinger); “lució como una sólida roca de buen sentido e inquebrantable fortaleza y firmeza durante la confrontación” (O’Donnel); “fue ésta su hora suprema” (Sorensen).

Continúan los superlativos: “en forma responsable ejerció el poder de que estaba investido” (Newstadt); “Kennedy respondió espléndidamente a la crisis” (Abel); “las excepcionales cualidades de liderazgo mostradas por Kennedy en la crisis fueron su coraje, visión, resolución y humanidad” (McGeorge Bundy); “mostró sabiduría, capacidad analítica y buen sentido de estrategia. No fue sólo un líder fue un héroe” (Hilsman). “En resumen, el joven Presidente se consolidó como defensor del mundo libre” (Sidey).

Atravesar esta gruesa coraza de elogios en busca de la verdad histórica me resultó una tarea ardua, pero necesaria, para mostrar, hace ya muchos años, que aquella crisis pudo haberse evitado si el presidente norteamericano, a través de eficientes conductos diplomáticos y con el control de los únicos cohetes nucleares intercontinentales existentes en aquel momento, hubiera persuadido al Premier Soviético a paralizar el envío hacia la isla de los primeros materiales electrónicos. No hubiera habido crisis. Le faltó visión. Le faltó coraje y determinación. El mundo y, sobre todo Cuba, ha pagado, con creces aquella debilidad.

Tomado de Diario Las Americas

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