¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

martes, octubre 26, 2010

Entre idóneos y corruptos va la guerra

Margelis trabaja en un centro perteneciente a la Empresa de Gastronomía de Centro Habana y es miembro de una comisión de racionalización, de esas que se deberán encargar del despido de una parte de sus compañeros de trabajo. La tarea, además de ingrata, es sumamente compleja por varias razones: en los últimos tiempos el que fungiera como director de dicha empresa fue defenestrado al detectársele un faltante de millones de pesos, lo que condujo a colocarlo bajo medida cautelar “mientras se investiga el caso” y colocar en su lugar a un pundonoroso uniformado, que –mostrando admirable celo en la depuración de los dirigentes del ramo en el municipio– ha destituido a más de un administrador y otros cabecillas y se mantiene fustigando a los que aún no han caído bajo su furia purificadora.

Para mayor complicación, es sabido que en estos centros de gastronomía existe una corruptela de larga data que se manifiesta de disímiles formas: estafa al cliente –preferiblemente al turista extranjero–, que se traduce en ventas ilícitas de productos falsificados como tabaco y ron; son puntos de ofertas de servicios de prostitutas y otros; no se pagan los salarios a los trabajadores por parte del administrador, so pretexto de destinarlo a trabajos de mantenimiento y remozamiento de dichos establecimientos (salarios que se apropia el propio administrador previa aquiescencia de los empleados quienes firman la nómina, teniendo en cuenta que ganan más estafando al cliente que devengando el salario que legalmente les corresponde).

Añádase a esto que existen centros gastronómicos (bares, restaurantes y cafeterías de la red de la mencionada empresa) en los cuales la administración ha inflado desmesuradamente la plantilla a fin de contar con más salarios de los cuales apropiarse cada quincena. Debido a lo lucrativo de la actividad, son muchos los aspirantes a ocupar una plaza como cantinero-dependiente que les puede reportar ganancias netas de entre 80 a 100 CUC en cada turno de trabajo; lo que a su vez propicia otro ingreso a los administradores, que venden esas plazas a 200 CUC cada una y que obtienen una parte de los ingresos mal habidos de sus empleados haciendo la vista gorda de las actividades ilícitas que se producen en el establecimiento y con su plena anuencia. Se trata, pues, de un ciclo cerrado de corrupción en una sociedad completamente podrida desde la base hasta la cúpula, presa de un sistema que, al anular las iniciativas individuales de los cubanos, potenció la pérdida de valores pervirtiendo cada espacio.

Por estos días Margelis deberá decidir, junto a los demás comisionados, quiénes de esos compañeros de bandidaje que junto a ella (y como ella) estafan al cliente y sobornan al jefe, cumplen el requisito de idoneidad para seguir formando parte de la banda y quiénes quedarán abandonados a su suerte al ser despedidos. Ella vive sumida entre la ansiedad y la angustia porque sabe que en su medio –como si de una mafia siciliana se tratase– la relativa seguridad se basa en un callado sistema de fidelidades y la traición es castigada duramente.

Nadie está a salvo, ni tirio ni troyano, y mientras se amplía el embudo del naufragio, casi nadie comprende que de nada vale tratar de conjurar los efectos si no se erradican las causas de tantos males. Las purgas y los despidos no harán funcionar la economía, no acabarán con el robo al Estado, con el contrabando ni con la corrupción, como tampoco las insuficientes y desesperadas medidas del gobierno harán productiva esta maquinaria obsoleta. Lo único que realmente puede romper el ciclo de desvalores y corrupción que hoy sufre la sociedad cubana es la desaparición del sistema que los generó.


Por Miriam Celaya del Blog: Sin Evasion.

No hay comentarios.: