¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, octubre 27, 2010

El precio de la libertad

Gustavo Pardo Valdés

LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) - Los cubanos alcanzaron la libertad el 20 de mayo de 1902, pero no la coronaron con la institucionalización de los organismos necesarios para garantizar la democracia.

La etapa de los “Generales y Doctores” estuvo caracterizada por los sucesivos gobiernos presididos por un caudillo que procuraba mantenerse en el poder por más tiempo que el que la Constitución le permitía.

A partir de 1940, en Cuba comienza un periodo en el cual se incorporan nuevos personajes al panorama político nacional. Surgidos de sectores sociales más humildes, muchos de estos líderes incidirían en el desarrollo de los acontecimientos ocurridos en la Isla hasta 1959. Esta etapa se ve nuevamente matizada por el caudillismo y el predominio militar en la política cubana.

La revolución llega al poder vestida de militar, rodeada de tanques y fusiles, y aupando al gran jefe Iluminado, esta vez con un matiz superlativo, quien desde el principio estableció nuevas reglas para el debate de las ideas: “Conmigo o contra mí”. No quedaban opciones medias.

Las primeras organizaciones opositoras surgen en 1959. Siguiendo la práctica del caudillismo, se fragmentaron en cientos de grupos; fueron fáciles de infiltrar, y desactivadas por los órganos represivos.

En 1976 surge una nueva modalidad opositora orientada a exigir pacíficamente los derechos ciudadanos. Inicialmente el régimen no sabía cómo lidiar con quienes decían a “cara descubierta” que disentían de la política oficial, no ocultaban sus identidades ni los sitios de sus reuniones o los temas a tratar en ellas. No obstante, muy pronto Seguridad del Estado descubrió el caudillismo prevaleciente en estos grupos y orientó su trabajo en este sentido, logrando dividir y subdividir a estas organizaciones y evitar la coordinación de acciones que pudieran resultar peligrosas para el gobierno, particularmente en épocas de crisis.

El General Castro no ha podido llenar el vacío dejado por su hermano; y aunque el Comandante trata de volver a los primeros planos, lo cierto es que ni uno ni otro pueden regir a un país cuyo sistema socio-económico se encuentra en bancarrota.
Esta situación estimula la existencia de un terreno social abonado por el trabajo de una oposición inteligente y desprovista de caudillismo, capaz de coordinarse en redes sociales destinadas a trabajar proyectos de interés común.

Voces del Barrio es uno de estos propósitos. Destinado a motivar a los vecinos de cada barrio, para que encaucen sus demandas a través de los canales establecidos por el régimen; este Proyecto resulta inquietante para las autoridades, que desconocen la cultura del debate, y se ven precisadas a utilizar sus aparatos represivos para que disuadan a estos activistas de no continuar movilizando a la opinión pública en los barrios de la capital.

Es lamentable que este y otros proyectos no cuenten con la participación en bloque de la oposición; lo que llenaría un espacio que es “tierra de nadie”, y que puede ser ocupado por las subterráneas, pero poderosas “mafias” partidistas.

Hoy, el precio de la libertad es despojarse del “yo” caudillista, sustituyéndolo por el “nosotros” interactivo.

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